domingo, 20 de octubre de 2013

UN PASEO POR EL ALT MAESTRAT Y ELS PORTS GR-M PARTE 4: PORTELL - RAMBLA DE SELLUMBRES - PORTELL (19/10/2013)

Pasó el verano y ya era hora de retomar nuestro recorrido por el Alt Maestrat y els Ports de la mano de Manolo Moliner. Otra etapa más de nuestro proyecto GR-M, una aventura por los senderos que enlazan las poblaciones de la comarca y nos van enseñando rincones verdaderamente asombrosos de la abrupta geografía de esta parte del País Valencià.
La cuarta etapa es una circular con principio y fin en Portell de Morella. Nos serviremos en gran parte del sendero PR-CV 408 que tiene como principal atractivo su discurrir por la Rambla de Sellumbres y al que añadiremos dos extensiones que, por sí solas, bien merecen una visita.
Pues allá vamos. Ataros bien las botas porque hoy vamos a disfrutar.
Día encapotado y con temperatura veraniega para lo que, dadas las fechas, tocaría por estos lares. Un día ideal para caminar.
Con las legañas pegadas tras el madrugón (es el peaje a pagar si queremos aprovechar la jornada) nos desplazamos a Vilafranca donde nos esperaba Manolo, uno de sus hijos (¡a qué espera su Corporación para hacerlo "predilecto"!). De allí, y sin perder tiempo, a Portell. Daban las 9h. cuando recorríamos el carrer Major en dirección a la Iglesia y el lavadero desde donde nace nuestro recorrido de hoy.



¿sincronizando?

Lavadero de Portell


Una pista cementada (Colada dels Preguntins) nos saca del pueblo.



Más adelante ya es una pista de tierra (Colada de les Emportelles) que pasa junto al paraje del Molinet y nos acerca a la Creu de les Artigues o Creu de Fusta, alzada por los peregrinos de Portell (Peregrinos de Portell) desde donde tenemos buenas vistas de la población que acabamos de dejar.



Continuamos por la pista hasta abandonarla por la izquierda en dirección a la rambla de Sellumbres.


Accedemos a ella justo en el punto donde un remodelado puente de origen romano, el Pont de la Rambla, la cruza.




Un buen lugar donde reponer fuerzas (a pesar de que se habían perdido pocas). Cuando dan las diez algunos estómagos tocan fagina y el pueblo se paraliza para orar al dios bocata. Con menos de cuatro kilómetros en las piernas (una quinta parte del circuito) esta parada "técnica" sirvió para llenar los depósitos de combustible,... lo que va delante... va delante. El lugar bien lo merecía.
Una senda nos baja desde el puente a la rambla de Sellumbres. Una vez en la misma sólo hay que discurrir por ella, aguas (sólo persistentes en alguna poza al comienzo) abajo. Eso sí, sin dejar de admirar la vegetación que la adorna y las enormes paredes que la custodian.

Fernando "rambleando"


Manolo y J.Manuel en la entrada de una profunda grieta

Bonita ventana en las paredes de la rambla
El cercano apogeo del otoño nos regala los amarillos y rojizos de los chopos y de algún estupendo arce en el mismo cauce.

Arce granatense (Acer opalus)


Chopos (Populus nigra)

La flor del día: Chicorium intybus (Achicoria o Xicòria amarga)
En el punto donde confluye por la izquierda la rambla de Antolà nos desviamos hacia ella sin senda muy definida, o sea a la trocha, para adentrarnos por su margen derecha ganando altura hasta alcanzar el camino (SL-CV 134 procedente de Portell). Lo tomamos por la izquierda para acercarnos al Toll d'En Drac, punto donde se cierra el barranco obligando a las aguas (cuando las haya) a dibujar una magnífica cascada (la imaginamos) que vierte en una gran poza.

Hacia el Toll
Un lugar espectacular merecedor de ser el marco de nuestra foto de grupo.



Un pequeño tramo de ida y vuelta hasta la Rambla de Sellumbres que vale la pena hacer, sin duda.
De nuevo en el Sellumbres (decir que sus aguas acaban abocando al Bergantes) llegaremos al recodo de la Roca del Corb con sus enormes paredes horadadas. Lugar donde se acreditan algunas buitreras.


Roca del Corb
Continuamos por la rambla, que dibuja una enorme herradura, dejando las paredes de la Roca Parda a nuestra derecha.



La Roca Parda
A nuestra izquierda, vigilándonos, las bonitas y curiosas formaciones d'Els Castellets.



Els Castellets
Un poco más adelante, un poste indicativo nos desvía, cambiamos el Sellumbres por el Barranc de la Barcella.


Lo que hasta ahora era un plácido paseo por el seco cauce (bueno no tan plácido tratándose de un pedregal que puso a prueba mi tobillo) se transforma en una exigente senda que asciende sin compasión hasta la meseta de la Roca Roja. Hay que aspirar fuerte antes de acometerla y hacerlo a tu ritmo.
Subimos trazando emes bajo un tupido carrascal hasta alcanzar una bonita pinada en un falso llano.

Manolo y Bego terminando la subida ...
Un respiro y reagrupamiento antes del último tramo hasta la meseta.

... mientras otros esperan.
Será la cota máxima del día. Hay que desviarse de la pista por la izquierda para asomarse a los riscos de la Roca Roja desde donde tenemos una maravillosa perspectiva de toda la montaña del norte castellonense.



Las magníficas vistas desde el cantil de la Roca Roja
Recorremos los bordes de estos precipicios admirando la herradura que dibuja, allá abajo, el cauce del Sellumbres que acabamos de recorrer.

¿Cómo lo ves Paquito? (by Manolo M.)
Eran las 14:30h. y que mejor restaurante que éste para comer. Un comedor con las mejores vistas que uno pueda imaginar.

Alguien se dio un otro banquete ...
Con la parte más dura de la faena ya hecha, nos dimos un homenaje de casi una horita en todo este mirador. Nos despedimos de él para enlazar con la pista del Petróleo o Colada del Mas de Palma que acaba enlazando con la carretera CV-125 que viene de Morella.

Caseta de pastor bien conservada
Allí giramos a la izquierda y localizamos las señales del PR que nos devolverá Portell. Una bonita senda en suave y continuado descenso entre parets de pedra y bancales que disfrutamos a buen ritmo.






Y sin darnos cuenta llegábamos al pueblo por la Colada del Cementeri tras casi 20 kms. por uno de los mejores recorridos que podremos disfrutar por tierras del interior castellonense.

Una Mantis religiosa nos dio la bienvenida

De vuelta a Portell

(by J.Manuel)
Bueno, ésto es hasta que hagamos la siguiente etapa de nuestro periplo por el GR-M, donde, a buen seguro, nos esperan nuevas y espectaculares sorpresas.
Adéu.